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DAV DAC

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-21 años

- Estudiante de Pedagogía General Básica (Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación)

- Escritor en ciernes
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DAC. DANIEL ALEJANDRO CERGARA

SABER MÁS.
September 28

PIRATAS HOMO CHILENSIS.- A duras penas.

 

 

   Hay una parte, en todo este revuelo del tesoro de Juan Fernández, que la vida común de los periodistas de medio sueldo de nuestro medio está olvidando desde hace rato, junto con la masa humana chilena: los tesoros encontrados (o que se encontrarán, esta cuestión es incierta) pertenecen, sin exagerar, a más de diez naciones distintas. Pregunto al lector, el sagaz bloguista que anda buscando algo nuevo bajo este sol tan reiterado, de dónde diablos se le puede ocurrir a una empresa que está a cargo de la excavación, al Gobierno actual, estar pensando que las riquezas halladas ahí sean, en el inglés, fifty-fifty, o, a la manera de los primeros capitalistas estadounidenses, “I will have all the money” (“Yo tendré todo el dinero”), si está establecido que ni el artículo 1800, 8800, de la Reforma Procesal Penal, o cual fuere, están habilitados cuando se trata de algo que pertenece a la humanidad entera. Podemos entonces catalogarnos de auténticos nuevos piratas, pero de unos que apenas tienen para comprarse un loro tricahue, o una pata de palo que sacamos de la escoba vieja; la gallardía de este personaje radica en aspectos de suma relevancia, que la mayoría de los habitantes nacionales, dejemos el orgullo de lado, están incapacitados para lograrlos. Veamos por parte las falencias que cada uno tiene para poder alcanzar el puesto de pirata, si acá llegar y serlo tampoco es de un día para otro. Está el tamaño; los piratas eran hombres altos, más allá de un metro y ochenta; las mujeres, cuando los veían, se quedaban asombradas de ver alguien tan alto, se sabe que hombre largo, con nariz aguileña, posibilidad de grandeza en otra parte. Lo otro se refiere a las vestimentas; nadie puede negar que nos estamos vistiendo muy pobres, sin trajes de tela pespunteada, sombreros de plumas, pantalones ajustados a las rodillas; un pirata debe estar en la línea de la extrema actitud decorativa, con trajes de excelencia. Termina esta comparación con tintes de niño chico, pero que es importante hacerla, el hecho de que la actitud del ladrón de mares (ya me puse retórico) sobresale por donde se le mire; es un tipo con potencia de mando, que si dice algo se cumple, que habla fuerte, anda con los pies calzados en zapatos de brillo intenso, golpea la mesa a la hora que se le viene en mente, invita a los amigos a cada rato, como tiene plata, saca a bailar a la mina (mujer, soy joven) que quiere, pide las cuestiones a su antojo. Mirémonos al espejo un rato, seamos conscientes con el espíritu, y digamos que nos parecemos bastante poco a uno de estos históricos seres; más bien tendríamos que pedirle asesoría a alguien que de verdad sepa sobre este asunto; a ver, al robot “Arturito” es imposible, está en la isla en busca del tesoro; al alcalde “juanfernandino”, tampoco, el caballero está pendiente de si se encuentra  una mísera moneda de oro, para poder pagar las deudas; a la empresa que realiza la búsqueda, menos, si molestamos a unos de sus jefes, perdemos la posibilidad de quedar con los cerca de $400.000 (imagina, con eso pago el arriendo, y me sobra); ¡ah!, falta el Palacio de la Moneda, lo estoy olvidando, dentro de ahí hay varios profesionales de la carrera de Pirateo,  algunos doctorados en universidades importantes, parientes mayores de los vendedores ambulantes del Paseo Ahumada, auténticos hampones actuales. Voy a andar cerca del centro hoy día, así que pasaré a preguntarle algo de esto a Fuzzio, o a Vidal, es posible que alguno responda, antes de que España, Reino Unido, Portugal, Perú, Colombia, Francia se me adelanten, y exijan el mismo consejo.         

September 27

LO INEVITABLE ESTA SEMANA: CARTAS AL DIRECTOR

Miremos el asunto desde un punto de vista distinto, eso sí, porque ya está demasiado añejo eso de andar diciendo que el presidente tiene el derecho a reprochar la actitud del director de un diario; que el períodico actúa desproporcionado. Desde que el mundo existe, las personas se esmeran por comunicarse con otros; los trogloditas hablaban con monosílabos; el hombre antiguo decía las cosas por medio de epístolas, pergaminos; las mujeres medievales enviaban algunos papeles escondidos en el busto, cuando debían entablar un coloquio con el señor feudal; todo eso, para llegar a un documento que, al igual que todos los de su clase, lleva líneas y demás. Aunque, espérate un poco, ¿quién escribe esas líneas, en verdad?; se dice que está con el membrete del gobierno, con la firma del Presidente, la insignia del Gobierno. Pasa que a todos nosotros nos han estado metiendo el dedo en la boca cuando menos en unos cuantos centímetros; los reyes del siglo XVI, XVII, tenían unos secretarios a los cuales les decían, “Oye, criado, ven, que tengo algunas cuestiones que escribir, tú después se lo entregas al sacerdote jefe (tal es el caso de Richeliau), para que lo complete por mí”; es lo que pasa en este suceso. Tengo personas de mucha confianza que me han contado, en forma secreta, que esa carta jamás fue vista por Lagos hasta el momento en que fue publicada en El Mercurio. Ustedes quieren pruebas, ustedes están pensando, “¿quién es este pelafustán que se jacta de conocer a amigos del presidente?”; tienen razón, sólo me conocen quienes me han visto antes; lo cierto es que la mejor manera de poder comprobar lo poco que tiene que ver esa carta con la figura del mandatario es su manera desordenada de escribir, las reiteraciones de la palabra “diario”, entre otras alusiones. Sucede que, una vez que el asunto estuvo en manos de los lectores, ni un decreto supremo podía impedir su lectura; además, nadie imaginaría que la respuesta fuese tan inmediata; es que, ustedes saben, Correos funciona lento, hoy por hoy; quien crea lo contrario, que le pregunte al hermano de la señora del presidente (¡ay, se me salió!).
September 01

PARTICIPAR EN LA ECONOMÍA. Actuaciones esenciales.

   Tiene mucho parentesco el hecho de estar representando el acto de una obra teatral con el de hacerse partícipe de los aspectos profesionales que se relacionan con la clara consecución de un determinado suceso. Los actores, junto con desear que las expresiones realizadas sean percibidas por el público, buscan la manera de respetar las generalidades, sin escapar demasiado de los cánones establecidos. El resto de la sociedad, ajena de vestirse con otros trajes, quiere pensar que lo sucedido detrás de sus cuatro paredes es poco relevante para su entorno, prefiere escapar de las incongruencias; en palabras simples, dejar de pertenecer al teatro. Pasa, con todo esto, que el sistema es circular desde hace varios años, las ruedas cuadradas sólo aparecen en los dibujos animados, la oración exclamada hoy deberá volver a nuestra boca mañana. Es desde esta premisa que se siente una gran desazón cuando el sistema económico parece estar alejado de la vida diaria de quienes forman parte de éste; las miradas hacia la educación de este sector son claras y fijas. A modo de paradigma, se escucha decir que el “almacenero está ganando bastante”, “para qué le pido una boleta por 100 pesos”; cuestiones que hacen creer en lo mal encaminado que está el comprador, que es cualquiera persona que lee estás letras. Sentiría algo distinto si se le dijese que esos cien pesos que el está pagando, una parte (cerca del 19%), va al fisco; por tanto, son cerca de ochenta pesos para el vendedor, cerca de veinte pesos para el Estado. Está claro que la gran mayoría de los chilenos conoce los conceptos de IVA, IPC y demás; se vive en un mercado de alto consumo, las personas tratan de averiguar dónde está la tasa de interés más baja, se analiza con detenimiento la entidad donde se desea efectuar al fin comercial; de todas formas, es en estos puntos tan básicos, aquellos de exigir la boleta de compraventa, donde casi todos incurren en el olvido, o la dejación. Viene al caso recordar el objetivo para el cual está creado un sistema de devolución de gastos: es propicio apoyar aquellos sectores más desvalidos, junto con otorgar un elevado estándar de satisfacción en las diferentes áreas de prestación de servicios (salud, educación, transporte, etc.). Las quejas acaecidas en varios de aquellas divisiones aparecen tan pronto como el descontrol de quienes forman parte de ellas aflora por los poros; es injusto que se juegue con nuestro futuro, dicen. Lo cierto es que de cien individuos que luchan por consolidar su estabilidad, piensan en nada cuando se les pregunta si poseen algún documento que acredite el valor de la merienda del día. Ignoran que el sueldo que ellos obtienen proviene de míseros papeles que el vendedor de la esquina, astuto, deja de entregarles, porque, al final, nadie se los pide. Tendrían que solicitarle explicaciones de la poca rentabilidad que existe en el hospital, el colegio o el medio de transporte en cuyos pies depositan su trabajo, a quienes en verdad tienen relación con esta disminución de ingresos; en primer lugar, a sus propias conciencias; después, al amable comerciante. Aquí aparece la funcionalidad de estar preparados para todo este tipo de desconocimientos por medio de fuertes bases que sean difíciles de quitar; es decir, entregar las herramientas para colocar en el inconsciente colectivo las principales actitudes a tomar en caso de verse enfrentado a hechos que son igual de delictivos que los crímenes contra la humanidad. Los maestros, el sistema educativo (es más, con o sin éste), deben propugnar en sus alumnos el amplio conocimiento de los aspectos económicos, más allá de una simple clase de matemáticas, ya que, de un modo u otro, son los propios jóvenes los que, en pocos años, harán que el control monetario esté en un nivel de extrema prolijidad. Empezar con un, tal vez,  pequeño paso, revertirá, en gran medida, las carencias existentes en las mentes de quienes, dentro de poco, irán a comprar algún producto en la tienda más cercana.

August 27

SUBIR EL NIVEL DEL AURICULAR ES POSIBLE

 Demostrar entera disposición para hacer las cosas debe ser extraño para el hombre que está en una oficina deslustrada por el paso del tiempo, solo, amargado, enmohecido por las luchas internas con sus pares. Para esas personas, los años pasan con una lentitud enorme, la desesperanza llena más su vida que cualquier otro acto; son esclavos de las diferentes maneras de postergación de la humanidad. Hay que señalar, por otro lado, el aprendizaje que deja estar conversando, de tú a tú, con uno de estos privilegiados, y al mismo tiempo, sabios individuos. Es el caso de Vicente Benavides, Encargado de Finanzas de la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación, Graduado de Economía de la Universidad de Chile, durante la época de la disciplina máxima, alumno de personas de gran influjo en el Chile actual, Jorge Espinoza, Patricio Aylwin, Ricardo Lagos, incluidos. Al acercarse a su reducida habitación de trabajo se puede ver que la separación de ésta con el resto de los otros cuartos ya significa una desvinculación de las variadas partes que conforman el, a veces, desordenado centro de educación superior. Las vivencias aparecen de tan sólo comenzar la plática, su participación en la extinta Universidad Tecnológica de Talca, los seminarios llevados a cabo en la década de 1970, sus desavenencias con ciertas manifestaciones políticas. De igual manera, cuestión extraña para alguien de su área, escucharle decir sobre el tremendo compromiso que deben adquirir las entidades de educación con respecto al uso del lenguaje llena de satisfacción cuando la llaneza comienza a notarse. Sus argumentos están sostenidos por el conocimiento funcional que posee por cuanto las labores emprendidas desde un aspecto de sumo prevalecer en el espectro académico: crecimiento lucrativo por medio de estatutos establecidos a partir de nuevas y firmes entidades, potentes controladores del esperado correcto desempeño de los medios de comunicación. Hasta ahora ningún ente fiscalizador está preocupado por las variadas y desordenadas maneras que existen en el ambiente decidor que conforma un aparato de televisión, un diario, o el receptor radial; es posible que, al ser esto algo tan reiterado, forzado, común, las personas estén siendo llevadas a andar desprovistas de alguien que las proteja, porque es de suyo entendible que para algunos este asunto se trate de un oportunismo de cierto recinto educativo, pero se está hablando de impedir la proliferación de la deformidad de la clara comunicación. El Ministerio de Educación basa sus excusas en la privacidad, autonomía que tienen las empresas privadas, tratan de soslayar este asunto con entrega de inglés, computadores, y demás herramientas, que, sin ser exagerado, se convierten en nada a la hora de ver escrito un garabato en un periódico, o mirar los intentos de tener sexo en una teleserie de las 20:00 horas. La familia chilena, muy segura de sí misma, desde ahora consciente del gran respeto que se tiene para con nuestro país en el extranjero, captadora de la tranquilidad, estabilidad de su economía, merece que su arraigada responsabilidad léxico-gramática perdure mediante un responsable cuerpo de delegados, que, fieles guardianes de la expresividad, erradicarán las deficiencias expresivas de estos días. Propongo que estemos alerta de estas acciones, es vital que todos participemos en la construcción del pilar que apoye los posteriores senderos de la sociedad chilena, aunque, está claro, con grandes cuotas de democracia, participación, facilidad para crecer en positivo. Los señores Benavente estarán conformes con expresar a diario las convenciones entre lo esencial y el desarrollo de un país.
 
N. B.: está claro que existen algunos organismos que buscan la entereza, rectitud de los medios de comunicación (Consejo Nacional de Televisión, ARCHI, algunas divisiones del MINEDUC), pero su acción es mínima, y -también se sabe- dictaminan sanciones tarde, mal, y nunca. (Opinen.)
August 02

Inicio de Los Puntos de Castellano

Es por todos conocido que mi pasión, junto con otras actividades, es escribir, así que les dejo un extracto de mi libro "Los Puntos de Castellano", que está pronto a ser publicado; disfruten.

 

 

Advertencia.

 

   Mueve la cabeza hacia donde está el reflejo de tus condiciones sociales y escúchame muy bien, sobrino, porque no pienso repetírtelo de nuevo. Piensa dos veces, y más si puedes, antes de querer estudiar esa carrera que deseas, mira que en este sitio los malos sucesos aparecen como si yo los estuviera realizando con el mayor agrado. Ya casi son veinte años los que poseo de profesional de la educación, y te prometo que, con anterioridad, no había nada igual; cada día en este colegio aparecen más y más problemas; sencillamente, me voy a volver loco; menos mal que todo cambia con este café que me trae todos los días la Ramoncita. Así es, don Antonio, y bastante que me cuesta prepararlo, ahora que queda poco en la despensa, ¿cuándo va mandar comprar más?, ya estoy harta de tener que raspar el tarro, que aparte tiene un olor muy malo. Ramoncita, no me hable justo ahora, sabe que estoy escribiendo una carta para mi sobrino, que se ha de estar dando cuenta de lo difícil de trabajar aquí, con tanta pelea y grito en todo momento. Estimado, yo quisiera darte todas las comodidades para que este mensaje fuese lo mejor coherente posible, empero ya ves que no todo puede salir como uno se lo propone. En fin, contarte de este establecimiento es algo que me podría causar muchos problemas, tú sabes que en estos tiempos los disparates están a la vuelta de la esquina, sobre todo con los últimos sucesos de este país, que ya me están volviendo un ermitaño; te lo diré igual, para que veas en lo que se ha transformado esto: estuve dialogando con unos profesores de la universidad en que estudié, y me contaron que esto lo encuentran increíble; entonces, yo me he preguntado por qué están tan exasperados con una resolución que viene del gobierno; en mis tiempos de profesor de primaria había que aceptar sí o sí las condiciones que se relacionaran con los estatutos impuestos  por la resolución del Ministerio o del encargado del mando del colegio en cuestión, ya que si el profesorcillo se atrevía a decir algo, siquiera a mover la punta de la lengua en pos de defender lo que creía ser suyo, ese tipo, que se arrastraba como culebra por el piso de  la oficina del director, como si este se fuera a parar para darle consuelo, al pobre y esmirriado pajarraco, y me refiero a mí, cuando era un vil y sucio maestro; se suponía, yo sabía, que sería echado de inmediato de aquel recinto. Creo que una vez intenté levantarle la mano a un niño, que en esos tiempos era normal; hubieras visto cuántos profesores golpeaban a los alumnos y nadie decía nada, parecía un verdadero pelotón de regimiento; no me quedaba otra, en honor al amor al arte, que compadecer a los chicos, y por eso te digo que estuve cerca de pegarle a uno, ya que ese fue el motivo por el que me contuve, al recordar a un pequeño que lloraba mucho por el golpe de un cruel educador, pero, y aunque me de un poco de vergüenza por utilizar este término, el mocoso fue a acusarme al director, y como era el hijo de un buen amigo del viejo, éste se enfureció a tal punto que, en realidad, yo pienso que en ese sermón que me dio no distinguía entre sus manotazos en el escritorio y el raciocinio de un ser humano. Lo que más creía en ese momento era, o que don Gabriel, que así se llamaba el hombre éste, me agarraría de un solo tirón de pelos; sí, así, sobrino, porque este tipo no escatimaba en tomar a alguien de sus cuatro costados y darle una buena patada en el trasero y mandarlo a limpiar los trastos, que eso lo pude ver muchas veces; o, por otra parte, que me marcara para siempre, poniendo en mi hoja de servicio ese desequilibrado accionar mío. Entonces, yo temblaba entero, pensando en los muchos desvaríos que podían suceder en aquella reunión entre ese hombre y yo. Éramos dos, un vaquero de cuatro cuerpos, que medía cerca de dos metros, al lado de un enclenque que daba risa con el sólo hecho de mirarlo. ¡A ver, profesor, qué es lo que tanto cavila allí, escúcheme primero, y después sigue anotando en esa hoja sus porquerías de memorias! Usted fue citado por un hecho muy concreto y que se debe zanjar con la mayor rapidez, sabe que mis labores son demasiadas, y que no estoy para juegos. Le pegó al muchacho, ¿cierto? No, no, no me diga nada, ya sé que no quiso hacerlo, todos dicen lo mismo. Piensan que yo soy tonto y que cualquier cosa puede sobrepasarme, pero eso llegó hasta aquí. ¡Deje de escribir le estoy diciendo! Esto es más importante, me hará caso; es cierto que usted nunca ha dado problemas, esto debió haber sido un descontrol, porque fue un descontrol, sí, de seguro que así sucedió. Para estos casos existen varias soluciones, entre ellas está la de enviarlo a otro recinto, y hacer que aquí no pasó nada; eso por una parte. La siguiente solución es que usted hable con el chico, que lo convenza que no es buena su respuesta, y que se comprometan a aceptarse como personas que son. Mi vida esta tan llena de actividades, que ya no soporto más estupideces. Así que tome sus cosas y vaya a conversar con el muchacho. Pero antes de que se retire, sepa que ese es uno de los mejores alumnos que tenemos y que es hijo de unos de los sostenedores del lugar, y fue su propio padre quien me indicó llamarle la atención a usted. Pongo mis creencias en su desempeño, porque sé que es un hombre íntegro. ¿Qué hora es?, ¿las cinco?, bien, tengo tiempo. Cuando yo entré a ser profesor por vez primera en un colegio de enseñanza primordial, allá por el año 1895, sí, pues, soy viejo, por eso estoy acá, profesor; mis superiores no tenían contemplaciones con ningún maestro. Eran tiempos de rectitud y respeto, en donde si se levantaba una hoja, ese papel debía pasar por las manos de todos los jefes y, únicamente con eso, se daba por aceptado cierto proyecto o actividad; usted todavía es joven, por eso comprende poco. Ahora prosiga con su jornada normal, que tenga un buen día. Parece que usted es fanático por la escritura, hasta escribe de pie. Quisiera hacerlo de otro modo, para el contento suyo y el de los enemigos que uno se va ganando en la vida, le dije y te digo a ti, descartando de plano darle prioridad a explicaciones que no las hubiera entendido, y que mejor quedan para ti, sobrino, un hombre entendido en la materia del bullido lenguaje continuado y sin pausas mayores.

 
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